Fantasías Privadas (Adaptada)
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Fantasías Privadas (Adaptada)
Hola me llamo Fini soy de España aki les dejo una nove un pokito hot es adaptada la escritora se llama Janelle Denison les dejo la sinopsis:
Aquel hombre se adelantaba a todos sus deseos... a todas sus fantasías.
Kevin deseaba a ____. Pero, aunque la atracción sexual que había entre ellos estaba a punto de descontrolarse, algo frenaba a ____. Fue entonces cuando Kevin encontró por casualidad un diario en el que ella había detallado todas sus fantasías privadas… y decidió hacer realidad todas y cada una de ellas.
____ no se fiaba de los hombres… de ninguno. Pero el guapísimo Kevin Stephens parecía empeñado en hacerla cambiar de opinión. Parecía el hombre perfecto… hasta que se dio cuenta de que había utilizado una información muy personal para seducirla…
Aquel hombre se adelantaba a todos sus deseos... a todas sus fantasías.
Kevin deseaba a ____. Pero, aunque la atracción sexual que había entre ellos estaba a punto de descontrolarse, algo frenaba a ____. Fue entonces cuando Kevin encontró por casualidad un diario en el que ella había detallado todas sus fantasías privadas… y decidió hacer realidad todas y cada una de ellas.
____ no se fiaba de los hombres… de ninguno. Pero el guapísimo Kevin Stephens parecía empeñado en hacerla cambiar de opinión. Parecía el hombre perfecto… hasta que se dio cuenta de que había utilizado una información muy personal para seducirla…

Fini- Novata

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Localización: Con mi Kevin haciendo Kevincitos Jr....
Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
primera lectoraa..
enserio me quede con la carita de arriba.. jaja
siguela.. me gustaa..

suerteee..

jazmin- Novata

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
gracias aora la sigo

Fini- Novata

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Localización: Con mi Kevin haciendo Kevincitos Jr....
Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
Capítulo 1
Estaba leyendo su correspondencia otra vez.
____ Stevens entró en el edificio de apartamentos y lo vio sentado en el sofá del portal, al lado de los buzones, hojeando su catálogo de Victoria's Secret. Kevin Stephens tenía demasiado descaro y demasiado encanto. Y además tenía demasiado interés en ella.
Cualquier otro se habría rendido hacía mucho tiempo, pero él no. Después de treinta y tres rechazos, todavía seguía intentándolo. Tenía la palabra «problema» escrita en aquel cuerpo magnífico, con su impúdica sonrisa y sus seductores ojos verdes de niño. Su manera de abordarla habría debido irritarla, pero en lugar de ello, la estimulaba. Lo cual la obligaba a mantener constantemente una mínima distancia emocional. Y, hasta el momento lo había conseguido.
Durante los seis últimos meses, habían llegado a conocerse algo. Y no por voluntad suya, sino obligada por las circunstancias. Dado que ella se apellidaba Stevens y él Stephens, y sus direcciones eran respectivamente Camilla 321 y 312, el cartero se equivocaba continuamente con su correspondencia. Soltando un profundo suspiro, se preparó para un nuevo y problemático encuentro.
—Hola, Kevin.
—Mmmm —le devolvió el saludo, distraído.
Lo cual no era de sorprender, dada la atención que parecía estar prestando a aquel catálogo. Cuando volvió la página, soltó un suspiro de admiración. Más o menos del mismo tipo que le había soltado directamente a ella un par de veces.
____ dejó su maletín en el suelo y buscó la llave del buzón en su bolso.
—Supongo que el nuevo cartero ha vuelto a equivocarse.
—Sí —respondió con su voz profunda, y bajó el catálogo apenas lo suficiente como para ____ pudiera ver el brillo malicioso de sus ojos. De pelo castaño y demasiado largo, cortado a la moda, llevaba lo que parecía ser su atuendo habitual: tejanos y camiseta negros con el logotipo de su bar estampado en su amplio pecho: La Oveja Negra. Y botas de piel, en aquel momento apoyadas con negligencia sobre la mesa baja.
—Desde luego, ha tenido el detalle de meterme esto en el buzón. Y yo que pensaba que eras una chica buena y modosita... ¿Sabes una cosa? Encuentro todo esto extremadamente excitante.
Estremeciéndose involuntariamente, ____ le dio la espalda para abrir su buzón.
—Ni en sueños, Kevin.
—No sería la primera vez que soñara contigo, corazón —rió entre dientes—. Pero estoy seguro de que la realidad será diez veces mejor que cualquier sueño.
La seguridad que aquel hombre tenía en sí mismo no dejaba de asombrarla.
—Te aconsejo que no pierdas el tiempo pensando en ello. Eso no va a suceder.
—Oh, no te creas. Uno de estos días acabarás mandando al diablo esa famosa prudencia tuya y me pedirás que salga contigo. Y cuando finalmente cedas... lo que te extrañará será precisamente que hayas esperado durante tanto tiempo.
—¿Es que nunca aceptas un no por respuesta? —abrió el buzón y sacó su correspondencia.
—¿Es que nunca bajas la guardia lo suficiente como para dejar que se te acerque un hombre?
«Ya no», pensó ____. Ignorando su mirada de desafío, volvió a concentrarse en el fajo de correspondencia que tenía entre manos, para seleccionar la que era suya y la que no. De todos los hombres que había conocido desde su ruptura con Adam tres años atrás, que habían sido muchos, y todos en el Roxy's, el local nocturno que solía frecuentar... Kevin era con diferencia el más directo y atrevido.
—Yo también tengo unas cuantas cosas tuyas en mi buzón —dijo para cambiar de tema.
Lo oyó levantarse del sofá para caminar hacia ella. Ignorando el acelerado latido de su corazón, en vano se esforzó por concentrarse en la correspondencia. Podía sentirlo a su lado. No la tocaba, pero tampoco tenía ninguna necesidad de hacerlo. A pesar de toda su resolución, se sentía atraída por Kevin Stephens. Tentada.
Contuvo el aliento, agarró el fajo de cartas y esperó, preguntándose por lo que haría a continuación. De pronto Kevin bajó la cabeza y le puso delante de los ojos el catálogo de Victoria's Secret, abierto por una página en la que se anunciaban cremas caras, jabones de olor y selectos perfumes. ____ reconoció su perfume favorito, jacinto de melocotón.
—Ahora ya sé por qué siempre hueles a melocotón —murmuró, acariciándole la oreja con su aliento. Inclinándose aún más, le rozó ligeramente el cuello con la barbilla—. A melocotones maduros y jugosos. Por eso no puedo evitar preguntarme si tú sabes igual de dulce...
Soltó de golpe el poco aliento que le quedaba. Tras arrancarle aquella acusadora prueba de la mano, se volvió para entregarle bruscamente su correspondencia.
—Ahí tienes —se la lanzó al pecho. ¿Cómo podía tener ese aspecto tan tranquilo y sereno, divertido incluso, cuando ella estaba hirviendo por dentro? —. El lunes por la mañana me aseguraré de llamar a correos para que informen al nuevo cartero de este problema.
—A mí no me importa que se confunda — repuso él mientras se guardaba las cartas en un bolsillo.
Desde luego que no, pero a ella sí. Sobre todo teniendo en cuenta que cada vez le resultaba más difícil combatir la atracción que sentía por él. Dándole nuevamente la espalda, cerró el buzón y sacó la llave. Pero antes de que pudiera alejarse, dos grandes y fuertes manos se cerraron sobre sus hombros y empezaron un lento, sensual masaje. ____ se tensó inmediatamente, sorprendida por tan íntimo contacto.
—Estás muy tensa —observó, burlón—. ¿Mucho trabajo en la oficina?
Estaba leyendo su correspondencia otra vez.
____ Stevens entró en el edificio de apartamentos y lo vio sentado en el sofá del portal, al lado de los buzones, hojeando su catálogo de Victoria's Secret. Kevin Stephens tenía demasiado descaro y demasiado encanto. Y además tenía demasiado interés en ella.
Cualquier otro se habría rendido hacía mucho tiempo, pero él no. Después de treinta y tres rechazos, todavía seguía intentándolo. Tenía la palabra «problema» escrita en aquel cuerpo magnífico, con su impúdica sonrisa y sus seductores ojos verdes de niño. Su manera de abordarla habría debido irritarla, pero en lugar de ello, la estimulaba. Lo cual la obligaba a mantener constantemente una mínima distancia emocional. Y, hasta el momento lo había conseguido.
Durante los seis últimos meses, habían llegado a conocerse algo. Y no por voluntad suya, sino obligada por las circunstancias. Dado que ella se apellidaba Stevens y él Stephens, y sus direcciones eran respectivamente Camilla 321 y 312, el cartero se equivocaba continuamente con su correspondencia. Soltando un profundo suspiro, se preparó para un nuevo y problemático encuentro.
—Hola, Kevin.
—Mmmm —le devolvió el saludo, distraído.
Lo cual no era de sorprender, dada la atención que parecía estar prestando a aquel catálogo. Cuando volvió la página, soltó un suspiro de admiración. Más o menos del mismo tipo que le había soltado directamente a ella un par de veces.
____ dejó su maletín en el suelo y buscó la llave del buzón en su bolso.
—Supongo que el nuevo cartero ha vuelto a equivocarse.
—Sí —respondió con su voz profunda, y bajó el catálogo apenas lo suficiente como para ____ pudiera ver el brillo malicioso de sus ojos. De pelo castaño y demasiado largo, cortado a la moda, llevaba lo que parecía ser su atuendo habitual: tejanos y camiseta negros con el logotipo de su bar estampado en su amplio pecho: La Oveja Negra. Y botas de piel, en aquel momento apoyadas con negligencia sobre la mesa baja.
—Desde luego, ha tenido el detalle de meterme esto en el buzón. Y yo que pensaba que eras una chica buena y modosita... ¿Sabes una cosa? Encuentro todo esto extremadamente excitante.
Estremeciéndose involuntariamente, ____ le dio la espalda para abrir su buzón.
—Ni en sueños, Kevin.
—No sería la primera vez que soñara contigo, corazón —rió entre dientes—. Pero estoy seguro de que la realidad será diez veces mejor que cualquier sueño.
La seguridad que aquel hombre tenía en sí mismo no dejaba de asombrarla.
—Te aconsejo que no pierdas el tiempo pensando en ello. Eso no va a suceder.
—Oh, no te creas. Uno de estos días acabarás mandando al diablo esa famosa prudencia tuya y me pedirás que salga contigo. Y cuando finalmente cedas... lo que te extrañará será precisamente que hayas esperado durante tanto tiempo.
—¿Es que nunca aceptas un no por respuesta? —abrió el buzón y sacó su correspondencia.
—¿Es que nunca bajas la guardia lo suficiente como para dejar que se te acerque un hombre?
«Ya no», pensó ____. Ignorando su mirada de desafío, volvió a concentrarse en el fajo de correspondencia que tenía entre manos, para seleccionar la que era suya y la que no. De todos los hombres que había conocido desde su ruptura con Adam tres años atrás, que habían sido muchos, y todos en el Roxy's, el local nocturno que solía frecuentar... Kevin era con diferencia el más directo y atrevido.
—Yo también tengo unas cuantas cosas tuyas en mi buzón —dijo para cambiar de tema.
Lo oyó levantarse del sofá para caminar hacia ella. Ignorando el acelerado latido de su corazón, en vano se esforzó por concentrarse en la correspondencia. Podía sentirlo a su lado. No la tocaba, pero tampoco tenía ninguna necesidad de hacerlo. A pesar de toda su resolución, se sentía atraída por Kevin Stephens. Tentada.
Contuvo el aliento, agarró el fajo de cartas y esperó, preguntándose por lo que haría a continuación. De pronto Kevin bajó la cabeza y le puso delante de los ojos el catálogo de Victoria's Secret, abierto por una página en la que se anunciaban cremas caras, jabones de olor y selectos perfumes. ____ reconoció su perfume favorito, jacinto de melocotón.
—Ahora ya sé por qué siempre hueles a melocotón —murmuró, acariciándole la oreja con su aliento. Inclinándose aún más, le rozó ligeramente el cuello con la barbilla—. A melocotones maduros y jugosos. Por eso no puedo evitar preguntarme si tú sabes igual de dulce...
Soltó de golpe el poco aliento que le quedaba. Tras arrancarle aquella acusadora prueba de la mano, se volvió para entregarle bruscamente su correspondencia.
—Ahí tienes —se la lanzó al pecho. ¿Cómo podía tener ese aspecto tan tranquilo y sereno, divertido incluso, cuando ella estaba hirviendo por dentro? —. El lunes por la mañana me aseguraré de llamar a correos para que informen al nuevo cartero de este problema.
—A mí no me importa que se confunda — repuso él mientras se guardaba las cartas en un bolsillo.
Desde luego que no, pero a ella sí. Sobre todo teniendo en cuenta que cada vez le resultaba más difícil combatir la atracción que sentía por él. Dándole nuevamente la espalda, cerró el buzón y sacó la llave. Pero antes de que pudiera alejarse, dos grandes y fuertes manos se cerraron sobre sus hombros y empezaron un lento, sensual masaje. ____ se tensó inmediatamente, sorprendida por tan íntimo contacto.
—Estás muy tensa —observó, burlón—. ¿Mucho trabajo en la oficina?

Fini- Novata

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Localización: Con mi Kevin haciendo Kevincitos Jr....
Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
SI YEAH!!!! NEW READER SIGUELA QUE ME MUERO POR SABER QUE LE RESPONDO Y POR CIERTO UN GRAN PLACER!!!! AMO A KEVIN!!!!!!!!!!!SIGUELA YA!!!!




CRISS- Moderators

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Localización: EN LOS BRAZOS DE KEVIN!!!
Humor: siempre happy!!!!:D

Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
ahh qee GeniiaL thu nOve SiigueLa pliz..
biie
biie

chiikajonas93- Nueva

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Localización: mm... qOn mii viiDo kevin XD
Humor: siiemPre FeliiZ C=
Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
ya la sigo y gracias

Fini- Novata

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Localización: Con mi Kevin haciendo Kevincitos Jr....
Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
Aquellas manos estaban obrando verdadera magia sobre su piel. Mordiéndose el labio, contuvo el impulso de ladear la cabeza para facilitarle acceso a su nuca...
—Er... Yo... sí —murmuró a su pesar, con una especie de ronroneo que le subía por la garganta—. Ha sido una semana muy larga...
Kevin continuó con aquel maravilloso masaje.
—¿Por qué no te pasas esta noche por La Oveja Negra, te tomas una copa y te relajas un poco? Le diré a Bruce que cierre antes y así podremos dar un paseo por la playa y charlar...
____ sabría que harían mucho más que charlar, inevitablemente. Se lo estaban diciendo aquellas manos. De repente se apartó, antes que pudiera terminar haciendo algo increíblemente estúpido.
—Tengo otros planes —replicó, utilizando aquel tono frío y distante que reservaba a los clientes que se ponían demasiado insistentes en el negocio del que era copropietaria con su hermana, Casual Elegance.
—¿Piensas ir a Roxy's? —adivinó. Más de un viernes por la noche, la había sorprendido saliendo de aquel local.
—Tengo trabajo que hacer, y además no es asunto tuyo.
Necesitaba tomar un largo baño caliente. Estaba tensa, pero no por la semana de trabajo que había tenido. Recogió su maletín y atravesó el portal... Kevin la siguió.
—¿Es que no sabes que tanto trabajo es malo? Terminarás apagándote.
—Tú ya aportas demasiada excitación a mi «apagada» existencia, gracias.
La tomó suavemente de un codo, de modo que no tuvo más opción que detenerse. Mientras le acariciaba con el pulgar la cara interior del brazo, le preguntó:
—¿De veras?
____ se olvidó entonces de lo que estaban hablando, hipnotizada por el oscuro brillo de sus ojos verdes.
—¿De veras qué?
—Que si de veras yo aporto excitación a tu existencia.
Más de la que imaginaba. Y más de la que ella estaba dispuesta a admitir. Suspirando, liberó su brazo.
—Lo que quería decir es que... que nunca sé qué esperar de ti.
—Si salieras conmigo, lo sabrías exactamente —sonrió—: una estupenda diversión.
—Eres muy insistente. Demasiado.
—Sólo cuando veo algo que me gusta.
—¿Y si te dijera que no estoy interesada, ni esta noche ni nunca?
Kevin pareció reflexionar sobre su pregunta:
—Entonces yo te respondería que esa boca tuya tan bonita está mintiendo.
Involuntariamente, sin darse cuenta, ____ se humedeció el labio inferior con la punta de la lengua.
—¿Sabías que tienes un ego gigantesco?
—Tienes toda la razón —se acercó aún más—. Pero... ¿por qué debería rendirme cuando estoy tan cerca de vencer tu resistencia?
—La respuesta sigue siendo no. Que pases una buena noche, Kevin —se alejó sin mirar atrás.
—Cariño... —se llevó una mano al pecho con gesto apenado— Me estás rompiendo el corazón.
—No creo que sea la primera. Ni la última.
Kevin se sonrió mientras la veía alejarse por el pasillo. Con la cabeza ladeada, no dejó de admirar el lento y sensual contoneo de sus caderas, con aquellas piernas increíblemente largas, resaltarlas por la falda de seda escarlata y rematadas por sus zapatos de tacón de aguja. Se le encogió el estómago mientras un centenar de fantasías desfilaba por su mente, una muy en particular: ____ luciendo uno de aquellos conjuntos de lencería que había visto en el catálogo, mientras se dejaba desnudar lentamente....
«Ni en sueños, Kevin », recordó de repente sus palabras, y volvió a sonreírse. Era la mujer más excitante y enigmática que había conocido, llena de un fuego y de una frescura que no dejaban de sorprenderlo. Por desgracia, estaba aquella maldita barrera emocional de la que se rodeaba y que no conseguía derribar. Llevaba medio año intentándolo.
Vio que doblaba la esquina hasta desaparecer de su vista. Pero seguía presente en el pensamiento de Kevin. Como de costumbre.
—Uno de estos días, ____, descubriré tu secreto —murmuró en el portal desierto—. Y cuando lo haga, serás toda mía.
Kevin contemplaba incrédulo el diario de tapas color rojo burdeos, lleno de toda clase de fantasías íntimas, sorprendido de que algo tan personal y revelador hubiera llegado a parar a sus manos... en el mercadillo que solían organizar los vecinos del complejo de apartamentos en el jardín central.
En cuclillas delante de una caja llena de libros de cocina y novelas de amor, de espaldas a los demás residentes que curioseaban el resto de los objetos puestos en venta, abrió el diario. El nombre de ____ Stevens estaba escrito en la portada, junto con una fecha de sólo tres años de antigüedad. Aspiró profundamente y, cediendo a la curiosidad, empezó a leerlo. La primera entrada decía así:
La espera había terminado.
Salió de las sombras para acercarse a la orilla del estanque donde ella estaba nadando, con la luz de la luna recortando su silueta alta y esbelta. Era todo lo que había soñado en un hombre. Una mezcla de malicia y sensualidad que quitaba el aliento.
Gloriosamente desnudo, se metió en el agua fresca y empezó a bucear. El corazón se le aceleró mientras lo esperaba. Emergió muy cerca de ella. Su oscuro magnetismo la cautivaba y fascinaba, sin inspirarle temor alguno.
La sigo????
—Er... Yo... sí —murmuró a su pesar, con una especie de ronroneo que le subía por la garganta—. Ha sido una semana muy larga...
Kevin continuó con aquel maravilloso masaje.
—¿Por qué no te pasas esta noche por La Oveja Negra, te tomas una copa y te relajas un poco? Le diré a Bruce que cierre antes y así podremos dar un paseo por la playa y charlar...
____ sabría que harían mucho más que charlar, inevitablemente. Se lo estaban diciendo aquellas manos. De repente se apartó, antes que pudiera terminar haciendo algo increíblemente estúpido.
—Tengo otros planes —replicó, utilizando aquel tono frío y distante que reservaba a los clientes que se ponían demasiado insistentes en el negocio del que era copropietaria con su hermana, Casual Elegance.
—¿Piensas ir a Roxy's? —adivinó. Más de un viernes por la noche, la había sorprendido saliendo de aquel local.
—Tengo trabajo que hacer, y además no es asunto tuyo.
Necesitaba tomar un largo baño caliente. Estaba tensa, pero no por la semana de trabajo que había tenido. Recogió su maletín y atravesó el portal... Kevin la siguió.
—¿Es que no sabes que tanto trabajo es malo? Terminarás apagándote.
—Tú ya aportas demasiada excitación a mi «apagada» existencia, gracias.
La tomó suavemente de un codo, de modo que no tuvo más opción que detenerse. Mientras le acariciaba con el pulgar la cara interior del brazo, le preguntó:
—¿De veras?
____ se olvidó entonces de lo que estaban hablando, hipnotizada por el oscuro brillo de sus ojos verdes.
—¿De veras qué?
—Que si de veras yo aporto excitación a tu existencia.
Más de la que imaginaba. Y más de la que ella estaba dispuesta a admitir. Suspirando, liberó su brazo.
—Lo que quería decir es que... que nunca sé qué esperar de ti.
—Si salieras conmigo, lo sabrías exactamente —sonrió—: una estupenda diversión.
—Eres muy insistente. Demasiado.
—Sólo cuando veo algo que me gusta.
—¿Y si te dijera que no estoy interesada, ni esta noche ni nunca?
Kevin pareció reflexionar sobre su pregunta:
—Entonces yo te respondería que esa boca tuya tan bonita está mintiendo.
Involuntariamente, sin darse cuenta, ____ se humedeció el labio inferior con la punta de la lengua.
—¿Sabías que tienes un ego gigantesco?
—Tienes toda la razón —se acercó aún más—. Pero... ¿por qué debería rendirme cuando estoy tan cerca de vencer tu resistencia?
—La respuesta sigue siendo no. Que pases una buena noche, Kevin —se alejó sin mirar atrás.
—Cariño... —se llevó una mano al pecho con gesto apenado— Me estás rompiendo el corazón.
—No creo que sea la primera. Ni la última.
Kevin se sonrió mientras la veía alejarse por el pasillo. Con la cabeza ladeada, no dejó de admirar el lento y sensual contoneo de sus caderas, con aquellas piernas increíblemente largas, resaltarlas por la falda de seda escarlata y rematadas por sus zapatos de tacón de aguja. Se le encogió el estómago mientras un centenar de fantasías desfilaba por su mente, una muy en particular: ____ luciendo uno de aquellos conjuntos de lencería que había visto en el catálogo, mientras se dejaba desnudar lentamente....
«Ni en sueños, Kevin », recordó de repente sus palabras, y volvió a sonreírse. Era la mujer más excitante y enigmática que había conocido, llena de un fuego y de una frescura que no dejaban de sorprenderlo. Por desgracia, estaba aquella maldita barrera emocional de la que se rodeaba y que no conseguía derribar. Llevaba medio año intentándolo.
Vio que doblaba la esquina hasta desaparecer de su vista. Pero seguía presente en el pensamiento de Kevin. Como de costumbre.
—Uno de estos días, ____, descubriré tu secreto —murmuró en el portal desierto—. Y cuando lo haga, serás toda mía.
Kevin contemplaba incrédulo el diario de tapas color rojo burdeos, lleno de toda clase de fantasías íntimas, sorprendido de que algo tan personal y revelador hubiera llegado a parar a sus manos... en el mercadillo que solían organizar los vecinos del complejo de apartamentos en el jardín central.
En cuclillas delante de una caja llena de libros de cocina y novelas de amor, de espaldas a los demás residentes que curioseaban el resto de los objetos puestos en venta, abrió el diario. El nombre de ____ Stevens estaba escrito en la portada, junto con una fecha de sólo tres años de antigüedad. Aspiró profundamente y, cediendo a la curiosidad, empezó a leerlo. La primera entrada decía así:
La espera había terminado.
Salió de las sombras para acercarse a la orilla del estanque donde ella estaba nadando, con la luz de la luna recortando su silueta alta y esbelta. Era todo lo que había soñado en un hombre. Una mezcla de malicia y sensualidad que quitaba el aliento.
Gloriosamente desnudo, se metió en el agua fresca y empezó a bucear. El corazón se le aceleró mientras lo esperaba. Emergió muy cerca de ella. Su oscuro magnetismo la cautivaba y fascinaba, sin inspirarle temor alguno.
La sigo????

Fini- Novata

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
LA SIGO????? TIENES Q STAR BROMEANDO CLARO Q SI!!!!!!ES MAS Q OBIO Y EBIDENT ESTA NOVE STA GENIAL NUNK ME IMAGINE A KEVIN COMO UN CONQUISTADOR PERO ME GUSTA JAJAJAJAJ SEGUILA FINI!!!!!PLISSSSSSSSSS NEW READER JAJAJAJA PERO VIEA D AMAR TODO LAS NOVES Q PONES JAJAJA SEGUI
XOXO MIA.
XOXO MIA.

mis amores!!!!

por que tu y yo sabemos que eres él primero ;D
porque lo amo y no puedo evitarlo
porque...Dios si huvieran palabras te las diria...Jared!
en fin los amo a los tres, y quisiera decir por igual, pero vamosse pelean por ser él primero no?
i love them
MIAadmin- Administradora

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
gracias me alegro de ke te guste mas tarde dejare un pokito mas de cap y gracias x leerla

Fini- Novata

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
—¿Qué estás haciendo aquí? —susurró.
—Me has invitado, ¿recuerdas?
Sí, ella lo había invitado. Muchas veces. Sólo que nunca había esperado que fuera.
—Eres una fantasía. Nada más.
—Tú me creaste, ____ —le tendió la mano—. Nademos juntos.
Consciente de que conservaba el completo control sobre aquella fantasía suya, aceptó su mano. El contacto de su piel desnuda resultaba maravillosamente excitante. Sintió un delicioso cosquilleo en los senos en el instante en que rozaron su duro pecho. Un fuego líquido comenzaba a acumularse en su bajo vientre.
—Ahora cierra los ojos... Y siente —le dijo él al oído.
Ahogando un gemido de placer, sucumbió a la caricia de sus manos, a la sensación de sus labios en su cuello, descendiendo cada vez más. Anhelaba liberarse de sus inhibiciones. De sus reservas. Y con él sabía que no las habría...
Atravesado por una punzada de deseo, Kevin cerró el libro. Una sonrisa asomó lentamente a sus labios. La presencia de un diario cargado de fantasías íntimas en un mercadillo de objetos usados sólo podía explicarse por un descuido de ____. Un descuido del que estaba decidido a aprovecharse. Lo que en aquel momento tenía en sus manos era una verdadera ventana abierta al interior de ____ Stevens, la mujer que tanto se esforzaba por ocultar el fuego y pasión que, con toda seguridad, latía bajo aquella apariencia. No, ____ no había conseguido engañarlo, y ahora tenía la prueba de ello. Por fin, conocía su secreto.
Volvió a guardar el libro en la caja, puso unos cuantos encima y miró de reojo a ____. Su relación había comenzado como un simple flirteo debido a un equívoco del cartero, para convertirse en una recíproca atracción que ella se empeñaba en seguir negando. Para Kevin, en cambio había derivado en una verdadera obsesión. Ahora, sin embargo, empezaba a tener esperanzas.
Tras atender a una de las vecinas, ____ se puso a charlar con una joven madre, rubia, que llevaba un bebé en brazos. Los rayos de sol que penetraban a través de los árboles dibujaban un halo dorado en torno a su larga melena. Llevaba una camiseta fucsia que le dejaba el ombligo al descubierto y unos pantalones cortos azul turquesa que enfatizaban sus largas y bronceadas piernas.
Justo en aquel instante la madre señaló a Kevin con el dedo y ____ se volvió para mirarlo. Un brillo de sorpresa asomó inmediatamente a sus ojos azules. Le dijo algo a la otra mujer y arqueó una ceja, como preguntándose qué diablos andaba haciendo allí.
Nada más entrar en el mercadillo, su primera intención había sido entregarle otra de las cartas que el cartero había dejado por error en su buzón. Pero en aquel momento había estado demasiado ocupada negociando con un vecino el precio de una estantería, de modo que tuvo que esperar turno. Para distraerse, se puso a curiosear en una caja de libros... donde realizó su gran descubrimiento.
Cargando con la caja bajo el brazo, se acercó hacia ellas.
—Dime que no piensas mudarte de casa... —fue lo primero que le dijo, señalando todos los muebles que había puesto en venta—... o me romperás el corazón.
—No. Me quedo con todas las cosas nuevas y me deshago de las viejas —explicó, bajando la mirada a la caja llena de libros—. Estoy redecorando mi casa.
—Me alegro. ¿Cuánto quieres por estos libros?
____ miró la caja, con las novelas de amor y textos de cocina asomando por entre las solapas, y frunció el ceño. Obviamente le sorprendía su selección de lecturas.
—¿Quieres llevarte la caja entera?
Kevin era consciente de que no podía sacar el diario delante de ella y esperar que se lo vendiera.
—Bueno, a mi tía le gustan las novelas de amor y a mí me encanta cocinar —le explicó, escamoteándole el pequeño detalle de que su tía abuela vivía en Detroit, bastante lejos de California, y que veía menos que un murciélago.
____ se puso a rebuscar en los libros. Kevin resistió el impulso de apartarse, esperando que el diario rojo burdeos consiguiera pasar desapercibido.
—¿No son tuyos algunos de estos títulos, Mariah?
—Casi todos son los que me dijiste que sacara de la estantería que acabas de vender. Pero yo también aproveché para deshacerme de algunos viejos libros de cocina. De esos que no he vuelto a utilizar después de casarme con Grey.
____ simuló un exagerado estremecimiento:
—Casi estoy dispuesta a pagar por librarme de ellos. Odio ese tipo de libros.
Kevin se echó a reír, mirando a Mariah.
—No es muy buena cocinera, ¿eh?
—No a no ser que te guste indigestarte con los postres —explicó la rubia, arrugando la nariz. Acababa de extender una manta en el suelo para sentar allí a la niña.
____ la fulminó con la mirada, pero se notaba que se llevaban bien. De hecho, parecían grandes amigas.
—Deduzco que has tenido una experiencia de primera mano con la cocina de ____ —comentó Kevin, cambiándose la caja de brazo.
—Oh, desde luego. Te lo aseguro: no merece la pena arriesgar la vida de esa manera —le tendió la mano, sonriente, y procedió a presentarse—. Soy Mariah, la hermana de ____.
Kevin dejó la caja a un lado y le estrechó la mano.
—Y yo Kevin Stephens, con «ph» —precisó con una sonrisa—. Soy vecino de ____. Es un placer conocerte —bajó la mirada al bebé, que desde la manta lo estaba mirando con los mismos ojos azules que su madre—. Supongo que esta princesa debe de ser tuya...
—Sí, es mi hija, Kayla.
Poniéndose en cuclillas para estar a su nivel, Kevin cedió el impulso de acariciar los rizos dorados que enmarcaban su rostro angelical. Con un rizo entre los dedos,
—Me has invitado, ¿recuerdas?
Sí, ella lo había invitado. Muchas veces. Sólo que nunca había esperado que fuera.
—Eres una fantasía. Nada más.
—Tú me creaste, ____ —le tendió la mano—. Nademos juntos.
Consciente de que conservaba el completo control sobre aquella fantasía suya, aceptó su mano. El contacto de su piel desnuda resultaba maravillosamente excitante. Sintió un delicioso cosquilleo en los senos en el instante en que rozaron su duro pecho. Un fuego líquido comenzaba a acumularse en su bajo vientre.
—Ahora cierra los ojos... Y siente —le dijo él al oído.
Ahogando un gemido de placer, sucumbió a la caricia de sus manos, a la sensación de sus labios en su cuello, descendiendo cada vez más. Anhelaba liberarse de sus inhibiciones. De sus reservas. Y con él sabía que no las habría...
Atravesado por una punzada de deseo, Kevin cerró el libro. Una sonrisa asomó lentamente a sus labios. La presencia de un diario cargado de fantasías íntimas en un mercadillo de objetos usados sólo podía explicarse por un descuido de ____. Un descuido del que estaba decidido a aprovecharse. Lo que en aquel momento tenía en sus manos era una verdadera ventana abierta al interior de ____ Stevens, la mujer que tanto se esforzaba por ocultar el fuego y pasión que, con toda seguridad, latía bajo aquella apariencia. No, ____ no había conseguido engañarlo, y ahora tenía la prueba de ello. Por fin, conocía su secreto.
Volvió a guardar el libro en la caja, puso unos cuantos encima y miró de reojo a ____. Su relación había comenzado como un simple flirteo debido a un equívoco del cartero, para convertirse en una recíproca atracción que ella se empeñaba en seguir negando. Para Kevin, en cambio había derivado en una verdadera obsesión. Ahora, sin embargo, empezaba a tener esperanzas.
Tras atender a una de las vecinas, ____ se puso a charlar con una joven madre, rubia, que llevaba un bebé en brazos. Los rayos de sol que penetraban a través de los árboles dibujaban un halo dorado en torno a su larga melena. Llevaba una camiseta fucsia que le dejaba el ombligo al descubierto y unos pantalones cortos azul turquesa que enfatizaban sus largas y bronceadas piernas.
Justo en aquel instante la madre señaló a Kevin con el dedo y ____ se volvió para mirarlo. Un brillo de sorpresa asomó inmediatamente a sus ojos azules. Le dijo algo a la otra mujer y arqueó una ceja, como preguntándose qué diablos andaba haciendo allí.
Nada más entrar en el mercadillo, su primera intención había sido entregarle otra de las cartas que el cartero había dejado por error en su buzón. Pero en aquel momento había estado demasiado ocupada negociando con un vecino el precio de una estantería, de modo que tuvo que esperar turno. Para distraerse, se puso a curiosear en una caja de libros... donde realizó su gran descubrimiento.
Cargando con la caja bajo el brazo, se acercó hacia ellas.
—Dime que no piensas mudarte de casa... —fue lo primero que le dijo, señalando todos los muebles que había puesto en venta—... o me romperás el corazón.
—No. Me quedo con todas las cosas nuevas y me deshago de las viejas —explicó, bajando la mirada a la caja llena de libros—. Estoy redecorando mi casa.
—Me alegro. ¿Cuánto quieres por estos libros?
____ miró la caja, con las novelas de amor y textos de cocina asomando por entre las solapas, y frunció el ceño. Obviamente le sorprendía su selección de lecturas.
—¿Quieres llevarte la caja entera?
Kevin era consciente de que no podía sacar el diario delante de ella y esperar que se lo vendiera.
—Bueno, a mi tía le gustan las novelas de amor y a mí me encanta cocinar —le explicó, escamoteándole el pequeño detalle de que su tía abuela vivía en Detroit, bastante lejos de California, y que veía menos que un murciélago.
____ se puso a rebuscar en los libros. Kevin resistió el impulso de apartarse, esperando que el diario rojo burdeos consiguiera pasar desapercibido.
—¿No son tuyos algunos de estos títulos, Mariah?
—Casi todos son los que me dijiste que sacara de la estantería que acabas de vender. Pero yo también aproveché para deshacerme de algunos viejos libros de cocina. De esos que no he vuelto a utilizar después de casarme con Grey.
____ simuló un exagerado estremecimiento:
—Casi estoy dispuesta a pagar por librarme de ellos. Odio ese tipo de libros.
Kevin se echó a reír, mirando a Mariah.
—No es muy buena cocinera, ¿eh?
—No a no ser que te guste indigestarte con los postres —explicó la rubia, arrugando la nariz. Acababa de extender una manta en el suelo para sentar allí a la niña.
____ la fulminó con la mirada, pero se notaba que se llevaban bien. De hecho, parecían grandes amigas.
—Deduzco que has tenido una experiencia de primera mano con la cocina de ____ —comentó Kevin, cambiándose la caja de brazo.
—Oh, desde luego. Te lo aseguro: no merece la pena arriesgar la vida de esa manera —le tendió la mano, sonriente, y procedió a presentarse—. Soy Mariah, la hermana de ____.
Kevin dejó la caja a un lado y le estrechó la mano.
—Y yo Kevin Stephens, con «ph» —precisó con una sonrisa—. Soy vecino de ____. Es un placer conocerte —bajó la mirada al bebé, que desde la manta lo estaba mirando con los mismos ojos azules que su madre—. Supongo que esta princesa debe de ser tuya...
—Sí, es mi hija, Kayla.
Poniéndose en cuclillas para estar a su nivel, Kevin cedió el impulso de acariciar los rizos dorados que enmarcaban su rostro angelical. Con un rizo entre los dedos,

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
aspiró el aroma a talco de bebé. Se había olvidado del dulce olor de los bebés y del enternecedor efecto de sus sonrisas. Habían transcurrido bastantes años... diecisiete para ser exactos.
El sutil anhelo que lo asaltó no pudo menos que sorprenderlo. Y le hizo arrepentirse, por un fugaz instante, de las elecciones que había hecho en el pasado.
—Hola, preciosa —murmuró con ternura, procurando no asustarla.
Kayla soltó un gritito de deleite.
—Es tan guapa como su mamá.
—Vaya, gracias —repuso Mariah, ruborizada por aquel cumplido.
—Personalmente creo que ha salido a su tía —____ se agachó para hacerle cosquillas—, ¿verdad, corazón?
Kayla se echó a reír, agarrando las pulseras de colores que veía brillar en la muñeca de su tía.
—¡Sí, sí...! —sonrió de oreja a oreja.
—¿Lo ves? ¡Ya te lo había dicho yo! —le dijo ____ a su hermana.
—Lo único que ha heredado de su tía es su mal genio —replicó Mariah.
Kevin sonrió al pensar que aquellas dos hermanas parecían compartir una maravillosa complicidad. Una complicidad que él jamás había tenido con su hermano y su hermanastra. Irguiéndose, dejó resbalar la mirada por las bien torneadas piernas de ____, la curva de sus caderas, la redondez de sus senos... hasta que la miró a los ojos.
—Me cuesta imaginarte enfadada y de mal genio.
____ se ruborizó. Antes de que pudiera decir algo, su hermana se le adelantó:
—Pues prueba a vivir con ella. Te lo aseguro: tiene un genio terrible.
____ puso los ojos en blanco.
—¿Qué tal diez dólares por la caja de libros? —inquirió, cambiando de tema.
—Trato hecho — Kevin sacó su cartera de un bolsillo antes de que pudiera arrepentirse y le ofreció el dinero.
—Que disfrutes de los libros —le dijo ____ mientras lo aceptaba.
—Oh, pienso hacerlo —hasta de la última sensual fantasía», añadió para sus adentros—. Ah... se me olvidaba —sacó el sobre que llevaba en el otro bolsillo de los tejanos—. Parece que hoy he recibido por error tu factura de la luz.
—Ésa sí que podías habértela guardado.
Kevin hizo girar el sobre entre los dedos, como si todavía no quisiera entregárselo.
—¿Sabes una cosa? Creo que sólo hay una manera de solucionar permanentemente este problema nuestro que tenemos con el cartero.
____ desvió la mirada hacia su hermana para ver si estaba o no pendiente de aquella conversación. Lo estaba. Luego miró a Kevin a los ojos: sabía que estaba a punto de flirtear. Una vez más.
—¿Cuál?
—Que ambos nos vayamos a vivir juntos — sonrió.
____ frunció los labios para reprimir una sonrisa y extendió una mano.
—¿No te parece que sería una solución algo... extrema?
—Sí, pero muy conveniente —tamborileó con el canto del sobre en su palma antes de volverse sonriente hacia Mariah—. Para el cartero, claro está.
—Por supuesto —repuso Mariah con un brillo malicioso en los ojos.
____ se aclaró la garganta, sin retirar la mano extendida.
—¿Vas a darme mi factura o no?
Kevin le puso el sobre en la mano, pero no llegó a soltarlo. La miró fijamente a los ojos. La fantasía que acababa de leer en su diario unos minutos atrás seguía fresca en su mente, animándolo a expresar su desafío.
—¿Qué te parece si quedamos esta noche para bañarnos en la piscina a la luz de la luna?
Una expresión sobresaltada se dibujó en sus rasgos, pero sólo duró un instante. En seguida recuperó la compostura.
—Creo que a ti te sentaría mejor una ducha fría.
—Eso no lo dudes ni por un momento, ____ —se echó a reír.
Aquella impúdica admisión la tomó desprevenida. Volvió a ruborizarse y, cuando esa vez tiró del sobre, Kevin lo soltó. Sacarle los colores era algo que no conseguía a menudo, y supuso que se debería a la presencia de su hermana. Decidió aprovecharse de aquella ventaja.
—¿Qué tal a medianoche?
—¿Qué tal nunca? —replicó.
Kevin bajó la mirada a su maravillosa boca, preguntándose, no por primera vez, a qué sabría.
—Bueno, por intentarlo que no quede ——comentó con un ronco susurro—. Nunca sabes cuándo te van a responder que sí.
—¿Quizá en otra reencarnación?
—Bueno, si cambias de idea... —repuso mientras recogía la caja de libros—... avísame.
Hasta aki el cap 1 si kieren sigo con el dos
El sutil anhelo que lo asaltó no pudo menos que sorprenderlo. Y le hizo arrepentirse, por un fugaz instante, de las elecciones que había hecho en el pasado.
—Hola, preciosa —murmuró con ternura, procurando no asustarla.
Kayla soltó un gritito de deleite.
—Es tan guapa como su mamá.
—Vaya, gracias —repuso Mariah, ruborizada por aquel cumplido.
—Personalmente creo que ha salido a su tía —____ se agachó para hacerle cosquillas—, ¿verdad, corazón?
Kayla se echó a reír, agarrando las pulseras de colores que veía brillar en la muñeca de su tía.
—¡Sí, sí...! —sonrió de oreja a oreja.
—¿Lo ves? ¡Ya te lo había dicho yo! —le dijo ____ a su hermana.
—Lo único que ha heredado de su tía es su mal genio —replicó Mariah.
Kevin sonrió al pensar que aquellas dos hermanas parecían compartir una maravillosa complicidad. Una complicidad que él jamás había tenido con su hermano y su hermanastra. Irguiéndose, dejó resbalar la mirada por las bien torneadas piernas de ____, la curva de sus caderas, la redondez de sus senos... hasta que la miró a los ojos.
—Me cuesta imaginarte enfadada y de mal genio.
____ se ruborizó. Antes de que pudiera decir algo, su hermana se le adelantó:
—Pues prueba a vivir con ella. Te lo aseguro: tiene un genio terrible.
____ puso los ojos en blanco.
—¿Qué tal diez dólares por la caja de libros? —inquirió, cambiando de tema.
—Trato hecho — Kevin sacó su cartera de un bolsillo antes de que pudiera arrepentirse y le ofreció el dinero.
—Que disfrutes de los libros —le dijo ____ mientras lo aceptaba.
—Oh, pienso hacerlo —hasta de la última sensual fantasía», añadió para sus adentros—. Ah... se me olvidaba —sacó el sobre que llevaba en el otro bolsillo de los tejanos—. Parece que hoy he recibido por error tu factura de la luz.
—Ésa sí que podías habértela guardado.
Kevin hizo girar el sobre entre los dedos, como si todavía no quisiera entregárselo.
—¿Sabes una cosa? Creo que sólo hay una manera de solucionar permanentemente este problema nuestro que tenemos con el cartero.
____ desvió la mirada hacia su hermana para ver si estaba o no pendiente de aquella conversación. Lo estaba. Luego miró a Kevin a los ojos: sabía que estaba a punto de flirtear. Una vez más.
—¿Cuál?
—Que ambos nos vayamos a vivir juntos — sonrió.
____ frunció los labios para reprimir una sonrisa y extendió una mano.
—¿No te parece que sería una solución algo... extrema?
—Sí, pero muy conveniente —tamborileó con el canto del sobre en su palma antes de volverse sonriente hacia Mariah—. Para el cartero, claro está.
—Por supuesto —repuso Mariah con un brillo malicioso en los ojos.
____ se aclaró la garganta, sin retirar la mano extendida.
—¿Vas a darme mi factura o no?
Kevin le puso el sobre en la mano, pero no llegó a soltarlo. La miró fijamente a los ojos. La fantasía que acababa de leer en su diario unos minutos atrás seguía fresca en su mente, animándolo a expresar su desafío.
—¿Qué te parece si quedamos esta noche para bañarnos en la piscina a la luz de la luna?
Una expresión sobresaltada se dibujó en sus rasgos, pero sólo duró un instante. En seguida recuperó la compostura.
—Creo que a ti te sentaría mejor una ducha fría.
—Eso no lo dudes ni por un momento, ____ —se echó a reír.
Aquella impúdica admisión la tomó desprevenida. Volvió a ruborizarse y, cuando esa vez tiró del sobre, Kevin lo soltó. Sacarle los colores era algo que no conseguía a menudo, y supuso que se debería a la presencia de su hermana. Decidió aprovecharse de aquella ventaja.
—¿Qué tal a medianoche?
—¿Qué tal nunca? —replicó.
Kevin bajó la mirada a su maravillosa boca, preguntándose, no por primera vez, a qué sabría.
—Bueno, por intentarlo que no quede ——comentó con un ronco susurro—. Nunca sabes cuándo te van a responder que sí.
—¿Quizá en otra reencarnación?
—Bueno, si cambias de idea... —repuso mientras recogía la caja de libros—... avísame.
Hasta aki el cap 1 si kieren sigo con el dos

Fini- Novata

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
aaahhh.. eso no se preguntaaa..
claro que queremooooss..
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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
despues la sigo

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Re: Fantasías Privadas (Adaptada)
Capítulo 2
Mientras lo observaba alejarse, ____ intentaba ignorar la inquietante sensación que la agitaba por dentro. Ese día había visto algo diferente en aquellos ojos color verde oscuro. En la manera que había tenido de mirarla, había vislumbrado una extraña certidumbre, como si conociera sus más íntimas y secretas fantasías y quisiera al mismo tiempo hacerlas realidad. Incluida la de un baño a la luz de la luna.
Se estremeció, a pesar del calor del día. Aquel hombre derrochaba atractivo. Su camiseta blanca de algodón resaltaba la anchura de sus hombros, sus viejos vaqueros ceñían un trasero magnífico y unas piernas musculosas. En el instante en que se volvía para entrar en el complejo de apartamentos, ____ distinguió un tatuaje de los marines en su brazo izquierdo. Supuso que se trataría de un recuerdo de su paso por el servicio militar. Aquello excitó aún más su curiosidad, ya que no parecía un tipo dispuesto a aceptar reglas, aparte de las suyas propias.
Mariah lo señaló con la cabeza.
—Conque Kevin Stephens, ¿eh? —comentó, divertida—. ¿Se llama realmente así?
—Desde luego —respondió ____, aparentando indiferencia.
—La verdad es que es difícil que un cuerpo así te pase desapercibido.
—Hey, tú también tienes un gran cuerpo en casa que admirar...
—¿Me lo dices para que te deje el tuyo en paz? —inquirió Mariah, arqueando las cejas.
—No es mío —declaró lacónica mientras se guardaba en el monedero el dinero que le había dado Kevin.
—Bueno, pues a mí me parece que él está más que deseoso de serlo —Mariah se agachó para ocuparse de Kayla. Como su hermana no le había respondido, alzó la mirada y le hizo la pregunta del millón—. ¿Qué es lo que pasa entre vosotros dos, por cierto?
—Aparte de algún ocasional encuentro en el vestíbulo del edificio por culpa de aquel asunto de la correspondencia, nada de nada.
—Ya.
Ignorando a Mariah, ____ se volvió hacia una mujer que quería saber el precio de una lámpara. Utilizando aquella distracción como ventaja, se concentró en la tarea que tenía entre manos. Tantas eran las ganas que tenía de desprenderse de sus viejos muebles como de escapar al interrogatorio de Mariah.
Una vez que desapareció la primera oleada de compradores, volvieron a quedarse solas hasta la llegada de la próxima. Reacia, regresó a la zona de sombra del jardín. Instalándose en una tumbona al lado de su hermana, sacó un refresco de la pequeña nevera portátil que habían llevado. Mariah levantó en brazos a la pequeña Kayla y le dio a beber de su botella de zumo de manzana.
—Así que... —una vez que su hija se hubo tranquilizado, retomó el anterior tema de conversación—...¿esta noche vas a disfrutar con él de ese baño a la luz de la luna?
Maldiciendo la insistencia de su hermana, ____ bebió un largo trago de refresco.
—No iba en serio, Riah. A Kevin le gusta flirtear por flirtear, nada más.
—A mí me ha parecido que iba bastante en serio. Eres tú la que se lo está poniendo difícil —Mariah suspiró—. Tu problema, precisamente, es que no sales con nadie.
—No te preocupes por mí, hermanita. Sólo estoy esperando a que aparezca el hombre perfecto —se recordó que lo peor de todo era que una vez creyó haber encontrado a Míster Perfecto.., hasta que se dio cuenta de su error. Qué ciega había estado.
—Me tienes muy preocupada. ¿Cómo esperas encontrar a Míster Perfecto cuando siempre estás comparando a cada tipo que conoces con Adam?
A ____ se le encogió el estómago ante aquella mención del hombre que había destruido su autoestima y su confianza en las intenciones del género masculino en general.
—Lo de Adam ya lo he superado. Desde hace tres años, cuando le dije que se fuera al diablo.
—Oh, eso no lo dudo. Pero también es cierto que te dejó, bueno... bastantes cicatrices emocionales.
____ abrió la boca para defenderse, pero su hermana la interrumpió alzando una mano, harta de escuchar sus viejas excusas.
—No sales con nadie, y a cualquier hombre que se muestra mínimamente interesado por ti, lo ahuyentas... Como a ese tipo de antes. Ambos podríais tener un montón de cosas en común.
Su hermana siempre era la optimista de las dos, sobre todo en lo que se refería a los hombres. Lo único que ____ tenía en común con Kevin Stephens era un apellido similar y un tatuaje, sólo que el suyo era menos visible y más femenino.
—¿A cuántas mujeres crees que un tipo como Kevin les dice lo mismo que a mí en un solo día?
A mí me parecía sincero, pero es que tú no le has dado la menor oportunidad —Mariah sacudió la cabeza, exasperada—. Desde lo de Adam, no has salido con nadie.
—Me gusta la vida que llevo. Sin complicaciones. Voy a donde quiero, me compro lo que me gusta, me visto como me place... y lo mejor de todo— es que no tengo que dar cuentas a nadie.
—¿No te sientes un poquito... sola?
—No.
Era una mentira muy grande... que seguía esperando que algún día se convirtiera en verdad. El anhelo de compañía la asaltaba generalmente por las noches, cuando se quedaba a ver la televisión, o cuando se metía en la cama... Mientras permanecía despierta, incapaz de dormir, se sorprendía a sí misma ansiando unas manos cálidas que recorrieran su cuerpo, aliviándola de aquella dolorosa inquietud. Entonces cerraba los ojos y pensaba en él... y se sumergía en una deliciosa y satisfactoria fantasía, donde todo estaba permitido y su imaginación no conocía límites.
Mientras lo observaba alejarse, ____ intentaba ignorar la inquietante sensación que la agitaba por dentro. Ese día había visto algo diferente en aquellos ojos color verde oscuro. En la manera que había tenido de mirarla, había vislumbrado una extraña certidumbre, como si conociera sus más íntimas y secretas fantasías y quisiera al mismo tiempo hacerlas realidad. Incluida la de un baño a la luz de la luna.
Se estremeció, a pesar del calor del día. Aquel hombre derrochaba atractivo. Su camiseta blanca de algodón resaltaba la anchura de sus hombros, sus viejos vaqueros ceñían un trasero magnífico y unas piernas musculosas. En el instante en que se volvía para entrar en el complejo de apartamentos, ____ distinguió un tatuaje de los marines en su brazo izquierdo. Supuso que se trataría de un recuerdo de su paso por el servicio militar. Aquello excitó aún más su curiosidad, ya que no parecía un tipo dispuesto a aceptar reglas, aparte de las suyas propias.
Mariah lo señaló con la cabeza.
—Conque Kevin Stephens, ¿eh? —comentó, divertida—. ¿Se llama realmente así?
—Desde luego —respondió ____, aparentando indiferencia.
—La verdad es que es difícil que un cuerpo así te pase desapercibido.
—Hey, tú también tienes un gran cuerpo en casa que admirar...
—¿Me lo dices para que te deje el tuyo en paz? —inquirió Mariah, arqueando las cejas.
—No es mío —declaró lacónica mientras se guardaba en el monedero el dinero que le había dado Kevin.
—Bueno, pues a mí me parece que él está más que deseoso de serlo —Mariah se agachó para ocuparse de Kayla. Como su hermana no le había respondido, alzó la mirada y le hizo la pregunta del millón—. ¿Qué es lo que pasa entre vosotros dos, por cierto?
—Aparte de algún ocasional encuentro en el vestíbulo del edificio por culpa de aquel asunto de la correspondencia, nada de nada.
—Ya.
Ignorando a Mariah, ____ se volvió hacia una mujer que quería saber el precio de una lámpara. Utilizando aquella distracción como ventaja, se concentró en la tarea que tenía entre manos. Tantas eran las ganas que tenía de desprenderse de sus viejos muebles como de escapar al interrogatorio de Mariah.
Una vez que desapareció la primera oleada de compradores, volvieron a quedarse solas hasta la llegada de la próxima. Reacia, regresó a la zona de sombra del jardín. Instalándose en una tumbona al lado de su hermana, sacó un refresco de la pequeña nevera portátil que habían llevado. Mariah levantó en brazos a la pequeña Kayla y le dio a beber de su botella de zumo de manzana.
—Así que... —una vez que su hija se hubo tranquilizado, retomó el anterior tema de conversación—...¿esta noche vas a disfrutar con él de ese baño a la luz de la luna?
Maldiciendo la insistencia de su hermana, ____ bebió un largo trago de refresco.
—No iba en serio, Riah. A Kevin le gusta flirtear por flirtear, nada más.
—A mí me ha parecido que iba bastante en serio. Eres tú la que se lo está poniendo difícil —Mariah suspiró—. Tu problema, precisamente, es que no sales con nadie.
—No te preocupes por mí, hermanita. Sólo estoy esperando a que aparezca el hombre perfecto —se recordó que lo peor de todo era que una vez creyó haber encontrado a Míster Perfecto.., hasta que se dio cuenta de su error. Qué ciega había estado.
—Me tienes muy preocupada. ¿Cómo esperas encontrar a Míster Perfecto cuando siempre estás comparando a cada tipo que conoces con Adam?
A ____ se le encogió el estómago ante aquella mención del hombre que había destruido su autoestima y su confianza en las intenciones del género masculino en general.
—Lo de Adam ya lo he superado. Desde hace tres años, cuando le dije que se fuera al diablo.
—Oh, eso no lo dudo. Pero también es cierto que te dejó, bueno... bastantes cicatrices emocionales.
____ abrió la boca para defenderse, pero su hermana la interrumpió alzando una mano, harta de escuchar sus viejas excusas.
—No sales con nadie, y a cualquier hombre que se muestra mínimamente interesado por ti, lo ahuyentas... Como a ese tipo de antes. Ambos podríais tener un montón de cosas en común.
Su hermana siempre era la optimista de las dos, sobre todo en lo que se refería a los hombres. Lo único que ____ tenía en común con Kevin Stephens era un apellido similar y un tatuaje, sólo que el suyo era menos visible y más femenino.
—¿A cuántas mujeres crees que un tipo como Kevin les dice lo mismo que a mí en un solo día?
A mí me parecía sincero, pero es que tú no le has dado la menor oportunidad —Mariah sacudió la cabeza, exasperada—. Desde lo de Adam, no has salido con nadie.
—Me gusta la vida que llevo. Sin complicaciones. Voy a donde quiero, me compro lo que me gusta, me visto como me place... y lo mejor de todo— es que no tengo que dar cuentas a nadie.
—¿No te sientes un poquito... sola?
—No.
Era una mentira muy grande... que seguía esperando que algún día se convirtiera en verdad. El anhelo de compañía la asaltaba generalmente por las noches, cuando se quedaba a ver la televisión, o cuando se metía en la cama... Mientras permanecía despierta, incapaz de dormir, se sorprendía a sí misma ansiando unas manos cálidas que recorrieran su cuerpo, aliviándola de aquella dolorosa inquietud. Entonces cerraba los ojos y pensaba en él... y se sumergía en una deliciosa y satisfactoria fantasía, donde todo estaba permitido y su imaginación no conocía límites.

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